Apenas me salen las palabras pero quería escribir sobre ella.
Después de casi 4 años luchando finalmente el cáncer ha podido con mi tía. En este último mes ha pasado dos veces por el hospital. Una primera vez en la que la fuí a visitar y la ví bastante bien, super contenta y alegre, como siempre, y la última vez.
La ingresaron hace más de una semana y cuando fuí a verla el sábado pasado me pregunto, muy muy alegre, por los exámenes, cómo habían ido y cuándo empezaba las clases. Al despedirme de ella le pedí que se mejorase y me dio las gracias con una sonrisa en los labios.
Todo iba bien, estaba más o menos estable, pero la noche del miércoles al jueves, por lo visto fue terrible. Estuvieron allí toda la noche mis tíos y nos dijeron que lo pasó muy mal y casi se nos va, pero consiguió aguantar. El jueves a mediodía me fuí al hospital con mi hermano. Por la mañana había llamado mi madre para decir que se iban corriendo porque mi tía estaba muy mal. Cuando llegué mi tía ya estaba sedada para que no sintiese nada y respiraba muy lentamente. Según la ví me daba la impresión de que no podría pasar la noche del jueves y nos fuímos a casa abatidos.
El viernes fuí con mi hermano a hacer unas compras por la mañana y después nos fuímos rápidamente al hospital. La veíamos que respiraba igual que la tarde anterior pero a las 14 empezó a respirar más lentamente.
El resultado, una hora más tarde, fue que tuve que aguantar el tipo durante más de 24 horas para cuidar de mi yaya que estaba muy mal. Yo acababa de perder a mi tía, pero mi madre había perdido a su hermana y mi yaya a su hija. Le doy las gracias a esa enfermera majísima que al vernos sacarla de la habitación rota vino enseguida con tilas.
Los momentos más duros y en los que más tuve que cuidarla fueron ese y ayer en el tanatorio cuando ya nos íbamos para el cementerio y quiso pasar a darle el último beso a su hija.
Al escribir esto se me vuelven a humedecer los ojos.
De los dos últimos días me quedo con algunas frases que se me han quedado grabadas para siempre:
El viernes por la noche estuve intentando convencer a mi yaya de que subiesen a casa, viven a 5 minutos del tanatorio, y comiesen algo y descansasen ya que la noche anterior no se habían movido del hospital y me dijo “cómo me voy a ir a casa si es el último día que puedo estar con mi hija”.
Ayer, en el tanatorio, estuve hablando con el yayo de la tía y de la yaya y le pedí que cuidase de ella, que lo estaba pasando muy mal, y en el cementario iba a estar peor. Me contestó “eso lo hago siempre”. Cuando le contaba esta conversación a mi tía Mari sonreía con lágrimas en los ojos.
Te echo de menos tía. La yaya tenía tres soles y ha perdido uno.
Te quiero.