Las barbacoas, y hablo bien haciéndolo en plural, que nos comimos cuando estuvimos de vacaciones en un pequeño pueblo de Zaragoza fueron un aviso. Dani, ¿qué estás haciendo?, que esto no es nada sano.
Como el resto del mes he estado prácticamente solo en casa podía organizar las comidas, y toda la casa claro, como bien me viniera en gana. Dada la cantidad que tenía todavía pendiente por digerir en el estómago me dirigí al Mercadona correspondiente a comprar algo más… sano. Unos melocotones, tomates, un par de ensaladas, más algo menos sano como empanada o galletas con chocolate. Eh, que tampoco quería convertirme en un espartano. De hecho ha caído por ahí una latilla de oreja guisada. Muy buena, por cierto.
Estas dos semanas consistieron en básicamente evitar la carne, incluso de blanca, porque no podía ser que siempre anduviera tirando de pollo, lomo, hamburguesas y fritos. No no. Unos filetes de merluza a la plancha están bien buenos. Acompañados de mayonesa, eso sí. Ya he dicho que de espartano nada.
Hasta ayer. Ayer ya llegaron mis padres a casa y para comer trajeron dos pollos asados. Vale no es apenas nada y además ya iba siendo hora de tomar algo así. Pero lo que no es tan normal es que para cenar hubiera huevos fritos con salchichas de paquete, qué sanas que son, y hoy para comer filete de ternera.
Aaah, largaos de casa y dejad que me haga mis comidas.


