Érase una vez que se era una niña de rubio cabello y mirada picaresca. Para ella sus padres eligieron un nombre poco convencional; Esperanza la llamaron. Rápidamente esta pequeña comenzó a destacar entre sus allegados por sus altas dotes para ejecutar una queja. Educada en un cercano colegio a la estación de Atocha en ningún año de su época estudiantil alcanzó el ue por aquel entonces era su principal anhelo. Esperanza no logró ser nunca delegada de su clase, algo que dejaba claro con la continua y desmesurada oposición que ejercía desde su barnizado y sobado pupitre.
Esperanza creció y finalizó su etapa colegial. Era ya hora de plantearse su futuro profesional y para ello se fijó en su origen humilde, clase baja, nada de sangre azul, y pensó “¿cómo podría hacerme millonaria sin dar palo al agua” y papá Aguirre contestó “hija, ¿y si te metes a pepera?”. Y desde entonces Esperanza dedica todos sus esfuerzos a defender a ese sector de la ciudadanía que siempre le ha dado su confianza: el proletariado, todos esos trabajadores que tienen que mirar varias veces al mes el estado de su cuenta corriente y desplazarse a varios kilómetros de su casa día tras día. Sus esfuerzos no se quedan solo ahí. También se esmera al máximo en satisfacer las necesidades de todos los estudiantiles y universitarios de esta nuestra comunidad.
En esas horas diarias que dedica a estudiar los problemas de ambos sectores de la sociedad que hace como que preside, una buena porción va dedicada al transporte. Recordemos que Esperanza caminaba varios cientos de metros de su casa al colegio con una mochila de ocho kilos a la espalda. Esperanza no era de esas niñas remilgadas y niñas de papá a las que un oscuro coche deja en la puerta del colegio.
Y es en este campo donde más espera que se noten sus esfuerzos. Ella facilita el traslado a todos sus hijos madrileños. Así, para no ser menos en el yo la tengo más larga fijó sus miradas en el suburbano madrileño, el Metro. Su íntimo y cariñoso amigo Alberto ya se estaba encargando del transporte contaminante. Dentro de la capital ya no caben más túneles debido al afán arqueológico de aquel que se llenaba de júbilo y alborozo cuando en la playa le dejaban una pala y un rastrillo. Un excesivo contenido en un continente de limitado tamaño hace que el contenido comience a expandirse y salirse de su continente. Esperanza entonces cayó en la cuenta de que si no podía hacer más kilómetros de Metro dentro de la ciudad, en ese caso debería mirar fuera de la ciudad. Y así, sin más, surgieron kilómetros, estaciones y trenes por doquier que al trabajador medio, y mimado con tanto esmero por Esperanza, no le solucionan la vida y le hacen rascarse el bolsillo un poco más cada día.
En aquellos tiempos existía una facultad a las afueras de Madrid, en terreno de Boadilla del Monte. Dicha facultad está sita a quince minutos de la plaza de Aluche, y contaba desde hacía años con una línea de autobús asignada por el Consorcio. Esta línea era cubierta cada media hora por un autobús que dejaba dentro del mismo campus de la mencionada facultad, más o menos a 20 metros de dos de los edificios, y utilizada por multitud de estudiantes así como personal de limpieza, profesores y personal administrativo. Flanqueada por la M-40 por un lado y por la Avenida de Montepríncipe por el otro, el método de transporte público más rápido para llegar era utilizar el autobús Aluche-Facultad de Informática. Por la avenida de atrás también circulan autobuses, normales y corrientes, con origen en Moncloa y destino Boadilla del Monte con más o menos una frecuencia aproximada de uno cada mes y medio.
Pero Esperanza tenía puestas las miras muy altas. Ella quería ver su plagiado Metro ligero en funcionamiento lo antes posible, y que se recuerde que ella fue quien lo ideó, diseñó, aprobó, construyó y dentro de poco conducirá. Una de las líneas de su soñado trasnporte al aire libre tendría como destino Boadilla del Monte. La situación geográfica de la Avenida de Montepríncipe hace que, ya sea por arriba, por debajo o por el centro, sea cruzada por esta línea. A lo largo de esta avenida se encuentran dos universidades: CEU y UPM que como todos sabemos es pública, la primera no. CEU tiene autobús regular propio, la otra no. CEU tiene aparcamiento enorme vigiliado, la otra no. A CEU la gran mayoría llega en vehículo propio, a la otra no. Había que encontrar el emplazamiento idóneo para una estación en esta avenida. Desde la UPM se hizo la sugerencia de situarla a mitad de camino entre CEU y UPM, algo que beneficiaría a ambas universidades y por ende, a más trabajadores medios y mimados por Esperanza. Pero Esperanza dijo no. La estación estaría situada al otro lado del CEU a más de un kilómetro de la UPM, en una avenida que es solo asfalto, acera y árboles, en subida desde la UPM. Cuando oscurece no parece muy recomendable.
Poco más tarde el pequeño tranvía, con algún accidente que otro, fue inaugurado y poco a poco comenzó a ser utilizado por las gentes de Boadilla y, es un suponer, una enorme e increíble multitud de estudiantes de la UPM. El que suscribe no ha realizado nunca un estudio de tales características pero su corto conocimiento del tema le lleva al razonamiento de que una línea de autobús se ve afectada por una línea de Metro cuando la primera pierde viajeros que empiezan a usar la segunda. Pérdida de viajeros es el 10%, el 5%, el 1%. Incluso el 0,001% sería pérdida de viajeros. Aceptemos que se califique como pérdida de viajeros el que un solo usuario decida cambiarse al tranvía para dirigirse a su facultad. Desde el Consorcio se ha informado de que en noviembre se cierra la línea Aluche-Facultad de Informática debido a que, y cito textualmente, “la puesta en funcionamiento de la línea 3 de Metro Ligero entre Colonia Jardín y Boadilla del Monte ha afectado de forma considerable a los hábitos de movilidad de la zona, por lo que se considera que la actual demanda es CLARAMENTE INSUFICIENTE PARA EL MANTENIMIENTO de una conexión por línea regular entre Aluche y la Facultad de Informática.”.
Solamente conozco a una persona que en todo este tiempo haya utilizado la línea de Metro ligero, yo. Y esa única vez fue debido a que perdí por un minuto el autobús de vuelta a Madrid y tenía que ir urgentemente a rectorado y no podía esperar al siguiente autobús. Nadie (estudiante, profesor, personal de limpieza o administrativo) ha dejado de usar el autobús que deja en la puerta del edificio por coger un Metro ligero que deja a diez minutos andando de la facultad, que cuando quieres volver a casa los has de hacer de subida, llueva o no.
Los datos que llegaban al despacho de Esperanza parecían no reflejar que su Metro ligero era ampliamente usado por los trabajadores medios y mimados por ella y pensó en alguna idea para aumentar sus usuarios. Después, espero, de sopesar diferentes ideas, la ganadora fue eliminar el autobús que deja al lado de dos edificios de la Facultad de Informática. Si eliminamos este autobús obligaremos a los estudiantes y demás trabajadores a utilizar otro medio de transporte y ¿qué mejor que su bonito y aerodinámico Metro ligero?. Total, como ella viaja en helicóptero…
Así podrá terminar el año afirmando, con dos cojones, que su Metro ligero se utiliza. Sí señor, eso sí que son decisiones.
Nombre de la película: La mujer que construyó un tranvía y eliminó un autobús.