Era septiembre de 2001. El mundo acaba de asistir a uno de los peores momentos de su historia. Un chaval imberbe recién salido de un colegio del Parque de las Avenidas de Madrid, aún con la rabia contenida, iniciaba su andadura en esa jungla llamada universidad. Entonces el día de hoy quedaba tan inalcanzable, era como escalar el K2 sin piolet, demasiado lejos, demasiado duro, demasiado.
Nueve meses después la decisión era sencilla, o me pongo ya las pilas o me voy a la técnica. No, estoy aquí en Boadilla, en la Facultad de Informática de la UPM, y me voy a quedar coño. Sin nada aprobado estuve a menos de un paso de obligarme a mí mismo a desistir de la ardua tarea de ser aquéllo en lo que hoy me he convertido.
Años, presión, prácticas, exámenes, horas de biblioteca, café, mucho café, más presión, compañeros, ahora amigos, calor en el centro de cálculo, más café, gente envidiosa, mucha gente envidiosa, programación a altas horas de la madrugada, más café, más exámenes, entregas a última hora, a último minuto, autodidacta, muy autodidacta, más café, gente que dejas atrás, gente que encuentras. Todo eso y más. En la facultad he vivido demasiadas experiencias, de todo tipo, muchas que no habría querido experimentar, muchas que guardaré siempre conmigo, muchas que quisiera poder repetir. Siete años de penurias, alegrías, penas, rabia, felicidad, ahora relax.
El 2 de septiembre de 2008 nunca será para mí la fecha en que defendí mi Proyecto de Fin de Carrera y me convertí en Ingeniero en Informática. Esta fecha supone el fin de un camino que arrancaría siete años antes, que me ha costado lo mío y en el que no he querido que nadie me regalara nunca nada. Si hay algo que se aprende en la facultad es que el resultado del trabajo propio es la mayor satisfacción. Es muy sencillo pedir exámenes, prácticas, es fácil terminar una carrera sin dar palo al agua. Quizá sea tonto por ello, pero nunca lo he hecho. Por eso la fecha de hoy es algo más que una exposición oral. Ha sido muy duro llegar hasta aquí, he sufrido, sudado, trabajado y eso nadie me lo va a quitar.
No podría escribir un post sobre el día de hoy sin acordarme de aquellas personas que de uno u otro modo siempre han estado ahí, y me han apoyado de diferentes maneras. O simplemente porque me apetece acordarme de ellas. Os doy las gracias, por todo: Ade, Ricard, Samu, Iñaki, Santi, Dani, Richard, Edu, Pastra, María, Elena, Miguel, Ernes, Santiago, João, Enrique, Víctor, David, Tamara, Laura, Saad, Juanlu, Iván.