Ése es mi próximo destino. Mi mente lleva allí desde el lunes y el resto llegará el sábado 13. A eso de las 19:25 el vuelo que habrá despegado de la T4 de Madrid deberá estar aterrizando en el enorme JFK y espero, confío, deseo que al salir del aeropuerto , cuando crucemos el puente de Brooklyn con destino la calle 46, lo hagamos con copos de nieve cayendo sobre nosotros. Ese pequeño y frío detalle convertiría las vacaciones en algo idílico, que ya de por sí lo son.
Diez días son los que pasaremos en la ciudad que más ganas tengo por visitar y en la única que, a priori, me decidiría a mudarme a vivir y trabajar. No sabría explicarlo, no es por nada en particular, más bien por todo y por nada a la vez, pero me encantaría irme para allá. Y no dudo que en este viaje no me va a decepcionar, ¡al contrario!
Ya me estoy viendo el avión contando las horas para llegar a la costa este mientras repaso la lista de sitios que hemos apuntado en las últimas semanas. Tantos que han hecho falta tres mapas de Google Maps para no saturar New York de chirimbolos de colores, pero los suficientes para no tener ni diez minutos de descanso dentro de Manhattan. Tan solo para acudir al Metropolitan Opera o a algún musical de Broadway, tengo mis preferencias pero la verdad es que me da igual. Salvo esas horas sentados no creo, y así lo espero, que tengamos más tiempo de relax a menos que estemos tomando un café en Reggio, un bagel en algún Deli o un perrito en un puesto callejero.
Me apetece perderme por sus calles, meterme de lleno en el bullicio de la urbe, darme de cara con su gente, con su metro, con esas estrechas calles de Greenwich Village, con el imperio consumista que gobierna la ciudad, pero también quiero desconectar, olvidarme del ruído, del tráfico y de la gente, paseando tranquilamente por Central Park.
En apenas nueve días estaré haciendo todo eso.
Por si acaso hay por ahí alguna wifi olvidada me llevaré el Aspire One y, aunque no estoy muy convencido de que vaya a poder por el súperresfriado que acabo de pasar y del que todavía me quedan restos incómodos, echaŕe las zapatillas, pulsómetro y guantes por si se tercia hacer unos kilómetros por Central Park.


