Barcelona en otoño. Así es como la he conocido. Dicen que yo ya había estado en Barcelona, de pequeño. Como si dicen que he estado en Denver, no lo recuerdo, así que la semana pasada fue la primera vez que pise Las Ramblas. Bueno, Las Ramblas, Plaza de Catalunya, el Paseo de Gracia, el barrio gótico y mil sitios más que llevábamos en mente visitar.
La verdad es que en este viaje ha salido todo redondo. De la T-4 al hotel en la ciudad condal en apenas un ratillo, porque aterrizamos allí, sin tener que recoger maletas, y enseguida estábamos rumbo al centro. En apenas dos días nos dio tiempo a ver todo lo que queríamos ver, incluso a reservar la mañana del último día para visitar las tiendas céntricas. Todo redondo salvo el incendio que casi se nos produce en el hotel, sic.
Viajaba con oídas de que Barcelona es más atractiva que Madrid, que tiene más que ofrecer, más cosmopolita, más ciudad del siglo XXI, y debo decir que ninguna de esas afirmaciones está errada en absoluto. Salvo por la playa de la barceloneta que es un esperpento en sí misma, todo lo demás está rodeado por ese halo de estar trazado con mimo y que invita al visitante a perderse sin rumbo por las equinas más escondidas. Da igual estar en la zona más moderna y a la vanguardia de la cuidad que en las callejuelas que rodean Santa María del Mar, una belleza gótica del siglo XIV, todo allí desde visitar la Boquería hasta el Park Guell se convierte en una experiencia en la que dedicar el día entero desde el primer minuto. Claro, así acábamos luego con los pies y los riñones, hasta los pelos de las calles de Barcelona pero ése es uno de los sinos del viajante, echar horas y horas aprovechando al máximo todo el tiempo para ver la ciudad.
Incluso hubo tiempo hasta para que (el)Ricard perdiese dos tardes con nosotros llevándonos al Parque de la Ciutadella o a probar las teterías de El Raval. Lástima que el último día allí no fuera fiesta y hubo de cumplir con sus obligaciones de trabajador asalariado. Ahora le toca a él volver a Madrid y a nosotros agradecerles las molestias enseñándole los rincones que en la primera visita no dio tiempo a ver.
Barcelona es sin duda una ciudad que no hay que dejar de visitar en cuanto se tenga la oportunidad. Una experiencia que vale la pena.
P.D. Próxima parada: Santiago de Compostela. yS, vamos pallá!!!

