Ay qué ganas había ya de irse lejos, desconetar absolutamente de todo y conocer nuevas tierras. En este caso tierras checas, Praga capital. Tras las últimas vacaciones en condiciones que tuvimos que fueron en agosto, aunque luego nos escapamos a Barcelona y después a Santiago de Compostela, estas fechas eran perfectas para irse al extranjero a algún lugar en elq ue no habíamos estado ninguno.
La idea de irnos a Praga me gustó desde el primer momento y tras la vuelta a Madrid no puedo decir otra cosa que me ha encantado la ciudad. Es pequeñita, como con todo muy concentrado y además a ello ayudaba la estupenda situación del hotel. A 20 metros de la zona céntrica de la ciudad vieja y a a una calle de la zona más nueva, comercial y por ende, con más movimiento humano. Porque eso es precisamente lo que a veces se echaba en falta por la tarde-noche. A partir de cierta hora los checos no salen a la calle y casi te da miedo caminar por las estrechas calles de Stare Mesto. Estás solo por la calle y si te cruzas con alguien será extranjero. Y durante todo el día todo está lleno de extranjeros, absolutamente todo.
Desde el castillo de Praga hasta el museo de Mucha, pasando por la plaza del reloj astronómico, el barrio judío o la plaza Wenceslao merece la pena escaparse unos días del ajetreo de Madrid y dejarse caer por sus calles y su gastronomía. Perritos calientes de 30 centímetros por 1.5€ no se encuentran aquí, o un estupendísimo goulash y unos bacon dumplings después de los que no quedaba otra que echarse la siesta. ¡Qué bien comimos! ¡Pero qué mal hacen el café! No vayais a Praga buscando sitios en los que tomar buen café. Buenos pasteles sí, esos geniales, el applestrudel en particular, pero el café lo hacen malísimo, parecen estadounidenses los tíos.
Tras la vuelta retrasada a Madrid por culpa de los controladores franceses, que deben de tener envidia de los cientos de miles de euros que cobran los españoles y que decidieron que nuestro vuelo saliera con tres horas de retraso terminamos las vacaciones tirados, literalmente, en el pueblo al calor de la estufa y sin salir de casa salvo para comprar el pan.
En el pueblo fue donde recibí los regalos de cumple, con retraso porque llevarlos a Praga era tontería, y me encantaron. La edición especial de Atrapado en el tiempo, un peluche del perezoso de Ice Age, el comic de Nikopol La feria de los inmortales, un cinturón chulísimo, una toalla súper útil del Decathlon, una crema de Loreal para despertardes difíciles
, el Libro del amante del café y un paquete de café arábica de Brasil súper rico.
Me encantaron los regalotes y me han encantado estas vacaciones.
P.D. ¿La próxima a París, Roma, Malta?

